sábado, 11 de abril de 2015

2015, el gran hermano te vigila.

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No ha sido en 1984, como preveeía Orwel en su novela, ha sido en el presente. No son telepantallas, sino cámaras de seguridad que nos graban continuamente, la Cookies de las páginas web, los permisos para las aplicaciones de los móviles, el Big Data, etc.

Nos tienen fichados, conocen nuestros datos, las empresas comercian con nuestros datos si no les decimos lo contrario, cuando debería ser al revés, saben las páginas que vistamos, los productos que deseamos, nuestro horario, controlan nuestra actividad en la red.

Y de vez en cuando, caemos, somos víctimas de nuestro errores que ya son imborrables, quedan registrados para la posterioridad.

Nuestros derechos son atacados sin miramientos, nos ponen multas y ni siquiera se molestan en informarnos que hemos caído en un radar, te llega la carta meses después, ya ni se molestan en pararte, ponen controles en cada redonda, nos vigilan con helicópteros "para nuestra seguridad", ponen cámaras en las carreteras.

Las empresas venden nuestros datos al mejor postor, hacen algoritmos con nuestros gustos, etc. Pero lo peor son los gobiernos, eso es lo realmente peligroso, las sanciones para recaudar fondos, las trampas que nos ponen, invisibles, inapreciables, al final caemos.

En los USA, las agencia nacional de seguridad compra la información a las empresas las empresas tecnológicas, les obliga a espiarnos y a darles los datos.

La leyes cada vez son más estrictas para castigar al ciudadano medio, el que puede pagar el pato, el que es temeroso de Dios, el que no quiere buscarse problemas, sin embargo el dilincuente común puede vivir a sus anchas, conoce las trampas legales, ese no sufre las consecuencias.

Y cada vez es peor, pronto nos meterán en la cárcel por expresar nuestra opiniones en la Red, bueno ya se hace, cuidado con lo que dices, ya todo es delito, no puedes hablar mal de nadie, no puedes generalizar ni de broma, no puedes alegrarte del mal de nadie, cuando todos nos reímos de los males de los demás, no hay libertad.

¿Qué diferencia hay con el mundo distópico de Orwel, si puedes perder en un momento lo que tanto te ha costado conseguir? ¿Qué margen de error tenemos? Si la tecnología sigue avanzando y no se preservan los derechos fundamentales ¿quién estará a salvo?, la respuesta está en la novela.

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